cascada

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lunes, 15 de agosto de 2011

Pinto un cuadro en 40 años..., y media hora


“Pinto un cuadro en 40 años…, y media hora”.

Esta fue la respuesta que me dio, para mi sorpresa, el pintor Georg Miciu cuando en la noche del Sábado, en el Hotel Llao Llao, le preguntaba que tiempo iba a dedicar a pintar el cuadro a la vista de todos nosotros.
Me sorprendió.

Conocía su obra desde hace años, ya que es de los pocos que tienen una muestra permanente en el lujoso Hotel, pero verlo en vivo implicaba un atractivo muy superior que el solo hecho de contemplar sus cuadros colgados de una pared.
Por eso me acerqué animoso cuando me llegó la invitación para ver “la emoción del arte en vivo”, evento patrocinado por empresas que a pesar de la presente crisis se animaron de todos modos a generar esta muy original convocatoria.

La propuesta era simple, Miciu tomaría una de las excelentes fotografías Diego Ortiz Mugica, y a la vista de todos nosotros la representaría en un lienzo blanco, manejando su inigualable técnica del óleo con espátula, tal como si estuviera en su atelier, calmo y solitario. Pero esta vez, éramos decenas de curiosos admiradores que le respirábamos en la nuca, atentos a cada trazo, con el fondo de una música ambiental alegre y movida y a la espera de un posterior brindis.
Allí “nos tiró” con sus 40 años de experiencia, y en media hora nos dejó pasmados, cuando expuso sonriente la foto convertida en cuadro, la obra de arte hecha en vivo.

Pocas veces es posible tener a un pintor de la talla de Georg, trabajando ante nosotros, y menos aún en un salón como el Llao Llao.

Gracias Bariloche por seguir permitiéndome vivenciar estas emociones, gracias amigos que organizaron el evento y gracias Naturaleza, que nos regaló una tremenda luna llena al salir al frío de la noche, en un cielo despejado y plagado de estrellas, esbozo de la ya próxima Primavera.

Fabián Piqué
fabianpique@bariloche.com.ar

martes, 31 de mayo de 2011

Un Círculo de Tres


S.C de Bariloche, 31 de Mayo de 2011

Un Círculo de Tres

El amigo Antonio, el monje que conocí hace años en la Abadía Trapense de Azul, vino otra vez de visita a Bariloche.
Una vez más, tuvimos la suerte y el placer de poder recibirlo aquí, junto a la entrañable María. Si todo en la vida es un Círculo, esta es quizá una de las pruebas más acabadas de que dispongo para ratificarlo.
En mi relato “Mi encuentro con John” (ver entrada en este blog) cuento sobre la forma en que Antonio me presentó a María, que ya en aquella época era una “anciana” según el documento, mujer vivaz e inquieta, de gran carácter y transparente alma.

Aquel monje que vendía dulces en la Abadía los Domingos a la mañana luego de la Misa, y que de a ratos se ocupaba de la Hospedería y de la gente que como yo llegábamos en busca de retiros, se fue a Francia en 2003, para colaborar en la preparación de las nuevas Vocaciones, tarea dedicada a orientar a los futuros monjes que quisieran ingresar en la Orden Cisterciense de la Estricta Observancia, los Trapenses.

Antonio estuvo poco en ese cargo. Meses después de llegar, la inesperada muerte del Abad principal lo puso ante la sorpresiva llamada del Señor: debía hacerse cargo de la Abadía, una de las más antiguas de toda Francia con casi mil años de construida, allí en medio de Alsacia, casi en el límite con Alemania. Sería el primer “no francés” en ocupar tan importante cargo, en una organización monacal que junto con los Benedictinos son las más antiguas del mundo Cristiano.
No sin la inquietud natural que implicaba ese radical giro en su vida, aceptó la misión y desde entonces desempeña la tarea de Abad principal y Padre Inmediato de otras 3 casas de la misma Orden, ubicadas en distintos países de Europa.
Desde ese momento no detiene su trabajo pastoral, administrativo y monástico. Sigue con su sonrisa franca y su característica expresividad, especialmente con sus manos, que mueve con gracia y esbeltez. Pero agregó ahora un aura de paz y luz que nos enaltece y nos conmueve.

Vino a Bariloche porque, según dice, aquí tiene un refugio ideal para el descanso y la contemplación del paisaje, potenciados al disfrutar de la compañía de María, allí en su cálida casa siempre con leños crujientes y comida casera dispuestos para agasajarnos.
Nos contó de sus múltiples actividades y sus interminables viajes. Recordamos a los antiguos compañeros de la Abadía de Azul, hablamos sobre los mágicos encuentros y la actual necesidad y búsqueda de espiritualidad, que sentimos por igual en nuestros ahora tan lejanos lugares de residencia. Coincidimos también en que la Ciencia se aproxima cada vez más con sus recientes descubrimientos a lo que las tradiciones más antiguas sabían y practicaban desde tiempos ancestrales.
Y saboreamos minuto a minuto el placer de la compañía mutua, del afecto a flor de piel, del sabernos cerca de pesar de las diferencias que muestran nuestras ocupaciones y edades.

Toda esta experiencia es para mí el ancla más poderosa que siento en lo externo con mi origen y presente Cristiano, que desde Jesús se abre, tal como siempre destacó Antonio, hacia un encuentro ecuménico con todas las creencias que confluyen en Dios como Creador Supremo y fuente de toda Vida.
Tal vez por eso cada palabra dicha, cada mirada, cobra especial significancia en mi ser, que resuena y se eleva ante la sola presencia de un amigo que vive según la Regla de San Benito, meditando en silencio, alabando al Señor en rezos, cantos y oraciones, todos los días de su vida, en ese encuentro único y extático con el Supremo, al construir la Obra de Dios.

Nuestro querido Antonio ha regresado a Francia, pero nos dejó un tesoro latente, al ver cómo la Vida despliega sus propios caminos, a su tiempo y forma.
Aquí en Bariloche permanecemos con María, unidos los tres por ese hilo dorado que sigue atando la trama de este eterno Presente.
¡En Dios!

Fabián Piqué
fabianpique@bariloche.com.ar

sábado, 21 de mayo de 2011

Asombro


S.C. de Bariloche, 21 de Mayo de 2011

Asombro

Su padre, mi abuelo, había nacido en un pequeño pueblo ubicado entre montañas vascas, a lo profundo de Euskadi.
Era ya anciana cuando pudo cruzar el Atlántico rumbo a esas tierras lejanas que la llamaban con el eco de la nostalgia y la distancia.
Yendo en el autobús que la acercaba hacia Balmaseda, podía sentir su pertenencia ancestral a esos paisajes y esas costumbres que le movilizaban recuerdos y le agitaban la sangre.
Corrió la cortina de la ventanilla y miró, por enésima vez, buscando a su padre en el aire, en el cielo.
Allá a lo lejos, sentía, la esperaban parientes lejanos con los brazos abiertos, sabiendo que portaba en sus genes lo mismo que ellos.
El asombro en su rostro, la mirada curiosa y profunda, quedó grabada para siempre en reflejo del cristal.
Mi Tía Angélica ya está con su padre nuevamente, corriendo alegre por las adoquinadas calles, como cuando era niña.

Fabián Piqué
fabianpique@bariloche.com.ar

martes, 12 de abril de 2011

La Gira sigue, las Reliquias quedan en el Corazón


Bariloche, 12 de Abril de 2011

La Gira sigue, las Reliquias quedan en el Corazón

Aquella soleada tarde en que llegó la noticia de que podríamos recibir las Reliquias en Bariloche parece ahora lejana. Fue sólo 2 meses atrás, ocho semanas en las que fueron creciendo la curiosidad, el entusiasmo (a veces desbordado), la ansiedad y la intriga, sobre lo que sería tener cerca este cúmulo de energía sagrada al alcance de la mano, ante nuestros ojos, aquí en la Patagonia.

¿Qué eran las Reliquias? Tardé poco en leer acerca de ellas, de investigar de dónde venían, a qué Maestro habían pertenecido.
Tardé bastante más en ser conciente de lo que iban a producir por su sola cercanía, con su permanente irradiación benéfica. Reconozco que el solo hecho de pensar acerca de ver Reliquias pertenecientes al Buda Histórico, a Buda Sakhyamuni, a mi querido Siddartha Gautama, me generaba gran expectativa.
No podía prever el efecto energético enorme que tanto éstas como las de otros grandes lamas iban a producir en mí y en casi todos quienes se acercaran.

Nuestra tarea, ayudar a dar acogida a los Custodios y a las Reliquias, e intentar difundir y comunicar el Evento de la forma más adecuada posible.
Todo fluyó, desde el primer momento, hasta llegar a este inolvidable Viernes 8 de Abril en que finalmente pudimos tener las Reliquias ante nosotros, luego de una Ceremonia hermosa y tan cálida como pocos momentos puedo recordar.
La sucesión de miradas, sonrisas, llantos, emociones, silencios y sentimientos fue inabarcable una vez que se abrió el Salón.

¿Será cierto?
¿Es posible que puedan reunirse en armonía y orden casi tres mil personas de tan diversos orígenes y lugares, en sucesión ininterrumpida, para transitar durante un rato alrededor de Reliquias Sagradas? ¿Y que puedan vibrar en sintonía con la Paz y el Amor que nunca abandonó la sala hasta el Domingo a la noche?
Es cierto. Es posible. Lo vivimos y lo compartimos.
Está ocurriendo.

La Gira ahora seguirá su rumbo, sembrando en otros sitios y en otra gente la intención del encuentro con lo sublime.
Las Reliquias quedan. Quedan aquí en nuestros corazones, latiendo fuerte. Con el anhelo de que nos nutran gota a gota con su energía inagotable, para que todos los días podamos beber, humedeciéndonos los labios con ese néctar, y nos sintamos más vivos hasta el último de nuestros días en la Tierra.

Fabián Piqué
fabianpique@bariloche.com.ar

La Cancha de Bochas se cerró, a cambio, se abrió el Corazón


Bariloche, 12 de Abril de 2011

La Cancha de Bochas se cerró, a cambio, se abrió el Corazón

Veinticinco años después, la historia de la Cancha de Bochas siguió. Más viejos nosotros, más lentos y quizá….., un poco más sabios.
Podemos ahora darnos vuelta y ver las huellas en la vereda que se pierden en el recuerdo de tiempos fríos y difíciles. Este es el tiempo de nuevos aires, más livianos, más frescos. Seguramente más felices.
Veinticinco años después, ocurrió esto.

El Club aquel…
Mi vuelo llegó puntual, a pesar de cierta demora al despegue. El calor de la ciudad, aumentado en el asfalto de la pista por el rugir de decenas de turbinas tronando al unísono. Como tantas otras veces, en lugar de tomar un taxi en la dársena, elijo caminar un poco por la Costanera, al borde del lento río que aún regala peces a los inquebrantables pescadores de bagres y surubíes.
Regreso a Buenos Aires luego de un año, demasiado tiempo quizá.
La agenda está llena y el tiempo es escaso. Bah, como casi siempre.

Sin embargo, un tema se me hace hoy prioridad. ¿Por qué será? ¿Qué lo habrá generado?
Apenas llego a la vieja casa de Núñez, dejo las valijas, saludo a mi Madre y le pido a mi Padre si me quiere acompañar a caminar por el barrio.
Acepta gustoso y con su paso ya cansino y mi andar curioso, salimos pisando aquellas mismas baldosas y saludando en muchos casos a aquellos mismos vecinos que dos décadas atrás.
El rumbo es claro, quiero que vayamos hasta el antiguo Club, al que sé ahora renovado, para que con su mirada nueva pueda desatar viejos y apretados nudos que permanecen allí, escondidos. Sonríe, sabe que será un momento de gloria.

La fachada es otra, renovaron la pintura y las letras del cartel que luce ahora orgulloso: “Club Juventud de Núñez”. Abre la puerta y para mi sorpresa veo un pasillo y una escalera hacia el antes inexistente gimnasio, que ocupa la que antes era la azotea.

- “Aquí dan clases de Pilates, mirá, incluso hicimos baños nuevos.”

Entramos luego al viejo bar, que sigue con su televisión siempre encendida y con un par de vecinos atentos a todos, mientras toman su cafecito de la tarde.

- “Cómo creció tu hijo”, le dice uno de ellos al verme.

Lo saludo con un gesto de la mano, temeroso de acercarnos y retroceder años y años.
Mi Padre me llama y me señala hacia el fondo.

- Mirá, seguro que esto no lo reconocés tampoco”

Lo acompaño hacia el portón de atrás, allí donde el ruido de las bochas era constante y los aplausos coronaban las buenas jugadas de los expertos allí reunidos.
Sin embargo, ahora el sonido es otro.

- “Mirá te digo, hicimos un patio de cemento, ya no tenemos más bochas en el Club”.

Abre el portón y veo un grupo de jóvenes haciendo capoeira, al son del alegre tamboril brasilero. Me conmuevo.
El orgullo de mi Padre desborda por aquella obra terminada y de la cual la gente nueva del barrio se beneficia ya que tiene allí un lugar para hacer ejercicios.
Le sonrío y lo felicito. Y le pido de volver a casa donde mi Madre nos espera para la cena.
Esta vez, él erguido, solo y tranquilo, ya no necesita que lo lleve del brazo porque ni puede sostenerse.
Al salir del Club, el encargado del bar lo saluda y le dice:

- “Eh, Víctor, ahora que sos el Presidente del Club tengo que pedirte un parv de cosas, cuando puedas te espero”.

Sí, el tiempo no pasó en vano.
Los nudos se desataron.
Aquel Club ya no tiene más Cancha de Bochas. Ya no la necesita.
Ahora tiene un nuevo Presidente, con el Corazón abierto.
Es mi Padre.

Fabián Piqué
fabianpique@bariloche.com.ar

La primera parte de esta historia está publicada en

http://fabianelviajero.blogspot.com/2007/12/la-cancha-de-bochas-un-viaje-al-pasado.html