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martes, 12 de abril de 2011

La Cancha de Bochas se cerró, a cambio, se abrió el Corazón


Bariloche, 12 de Abril de 2011

La Cancha de Bochas se cerró, a cambio, se abrió el Corazón

Veinticinco años después, la historia de la Cancha de Bochas siguió. Más viejos nosotros, más lentos y quizá….., un poco más sabios.
Podemos ahora darnos vuelta y ver las huellas en la vereda que se pierden en el recuerdo de tiempos fríos y difíciles. Este es el tiempo de nuevos aires, más livianos, más frescos. Seguramente más felices.
Veinticinco años después, ocurrió esto.

El Club aquel…
Mi vuelo llegó puntual, a pesar de cierta demora al despegue. El calor de la ciudad, aumentado en el asfalto de la pista por el rugir de decenas de turbinas tronando al unísono. Como tantas otras veces, en lugar de tomar un taxi en la dársena, elijo caminar un poco por la Costanera, al borde del lento río que aún regala peces a los inquebrantables pescadores de bagres y surubíes.
Regreso a Buenos Aires luego de un año, demasiado tiempo quizá.
La agenda está llena y el tiempo es escaso. Bah, como casi siempre.

Sin embargo, un tema se me hace hoy prioridad. ¿Por qué será? ¿Qué lo habrá generado?
Apenas llego a la vieja casa de Núñez, dejo las valijas, saludo a mi Madre y le pido a mi Padre si me quiere acompañar a caminar por el barrio.
Acepta gustoso y con su paso ya cansino y mi andar curioso, salimos pisando aquellas mismas baldosas y saludando en muchos casos a aquellos mismos vecinos que dos décadas atrás.
El rumbo es claro, quiero que vayamos hasta el antiguo Club, al que sé ahora renovado, para que con su mirada nueva pueda desatar viejos y apretados nudos que permanecen allí, escondidos. Sonríe, sabe que será un momento de gloria.

La fachada es otra, renovaron la pintura y las letras del cartel que luce ahora orgulloso: “Club Juventud de Núñez”. Abre la puerta y para mi sorpresa veo un pasillo y una escalera hacia el antes inexistente gimnasio, que ocupa la que antes era la azotea.

- “Aquí dan clases de Pilates, mirá, incluso hicimos baños nuevos.”

Entramos luego al viejo bar, que sigue con su televisión siempre encendida y con un par de vecinos atentos a todos, mientras toman su cafecito de la tarde.

- “Cómo creció tu hijo”, le dice uno de ellos al verme.

Lo saludo con un gesto de la mano, temeroso de acercarnos y retroceder años y años.
Mi Padre me llama y me señala hacia el fondo.

- Mirá, seguro que esto no lo reconocés tampoco”

Lo acompaño hacia el portón de atrás, allí donde el ruido de las bochas era constante y los aplausos coronaban las buenas jugadas de los expertos allí reunidos.
Sin embargo, ahora el sonido es otro.

- “Mirá te digo, hicimos un patio de cemento, ya no tenemos más bochas en el Club”.

Abre el portón y veo un grupo de jóvenes haciendo capoeira, al son del alegre tamboril brasilero. Me conmuevo.
El orgullo de mi Padre desborda por aquella obra terminada y de la cual la gente nueva del barrio se beneficia ya que tiene allí un lugar para hacer ejercicios.
Le sonrío y lo felicito. Y le pido de volver a casa donde mi Madre nos espera para la cena.
Esta vez, él erguido, solo y tranquilo, ya no necesita que lo lleve del brazo porque ni puede sostenerse.
Al salir del Club, el encargado del bar lo saluda y le dice:

- “Eh, Víctor, ahora que sos el Presidente del Club tengo que pedirte un parv de cosas, cuando puedas te espero”.

Sí, el tiempo no pasó en vano.
Los nudos se desataron.
Aquel Club ya no tiene más Cancha de Bochas. Ya no la necesita.
Ahora tiene un nuevo Presidente, con el Corazón abierto.
Es mi Padre.

Fabián Piqué
fabianpique@bariloche.com.ar

La primera parte de esta historia está publicada en

http://fabianelviajero.blogspot.com/2007/12/la-cancha-de-bochas-un-viaje-al-pasado.html

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