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lunes, 16 de septiembre de 2013

El Camino, relato de un Caminante



Bariloche, Septiembre de 2013


El Camino, relato de un Caminante

Ultreya ultreya, escuchaba.
E intrigado se preguntaba por qué le decían eso.
Ultreya ultreya.
Y su paso se hacía más firme, en ese andar incipiente que había comenzado por allá lejos, en Lourdes. En esa gruta que lo captaba, con el agua curativa que salía de la roca y se vertía prístina en el cercano río.
Luego, al pasar Los Alpes y llegar a Roncesvalles, tuvo en sus manos la libreta, con sus casilleros aún en blanco, que lo acompañaría en todo su Camino hasta Santiago, fiel testigo del paso del tiempo en su andar por pueblos y cuidades.

Ultreya ultreya!
Escuchaba desde los autos cuando los conductores insistían con ese signo de aliento, o vaya a saber qué.
El cielo azul de esa Primavera lo acompañó por el río Ebro, el paso por Logroño y su llegada a Burgos, la ciudad del Cid Campeador.
Sus pies sostenían kilómetros de pisadas, sanas hasta allí, sin ampollas ni torceduras.
En la llegada a León, la ciudad imperial, con sus palacios y plazas. El sol quemaba la piel poco curtida por aquel entonces.
Un descuido al andar por los prados y sin sombrero, y el rostro que marca rojos demasiado intensos para continuar sin más.
Descanso, recuperación.
Y a andar de nuevo.

¿De dónde soy? ¿De dónde vengo?
Quién o qué hace que nos lancemos a esta loca caminata de 800 kilómetros, a campo traviesa, durmiendo en refugios, con comidas extrañas al paladar, y sin baños frecuentes.
La mente se preguntaba… ¿Por qué no paro? ¿Por qué no un avión y listo?
La mente se preguntaba… Y el Camino responde.
El Camino invita, sugiere que al recorrerlo, esas preguntas tendrán su respuesta.
A su debido tiempo.
Y seguimos.
La montaña se hace más empinada, comienza el ascenso a Cebreriro.
Ya pasamos castillos templarios y pueblos perdidos en el tiempo. Ya pasamos capillas y hermitas ubicadas a la vera del sendero, que permiten vuelos imaginarios a otros siglos, donde todo transcurría más despacio. Donde la vida iba por encuentros diferentes.

Subo. Y subo.
Cebreriro se vislumbra a lo lejos, se intuyen las pallozas celtas que aún se mantienen en pié y que cobijarán este cansado cuerpo.
En eso, al pasar por un pequeño caserío, la señora que barre el polvo de su vereda registra a este Caminante que se aproxima a paso lento.
¿Qué ve? ¿A quién ve? ¿A otro turista más que sueña en llegar a Santiago? No llego a preguntarle, no es necesario.
Ella mira y deja de barrer, solamente atenta a su percepción. Y lanza su frase, impertérrita y casi insolente. Pero que es “la” respuesta del Camino, transmitida por una de sus aliadas.
Dice… - Usted es de Buenos Aires. ¿Es así?
Y el Caminante se detiene, asombrado, porque quería esa respuesta, buscaba esa seguridad de saber de dónde es.
Ultreya, finalmente se convierte en respuesta.
¡Adelante! ¡Adelante!
Así nos gritan, así nos alientan y transmiten su admiración, aquellos que cruzamos a lo largo del Camino.
Y con ese aliento y algunos kilos menos, llegamos a Santiago, a la morada del Apóstol que siempre estuvo allí, esperando.
El ritmo ahora cansino se transforma en expresión de plenitud, ya no corremos. Solo caminamos.
Aceptamos la vida tal como se nos presenta y con alegría decimos que cumplimos nuestro anhelo, de realizar el Camino, y de incorporarlo. Y es así.
Ahora, el Camino no está allí. Está aquí, aquí dentro. Sabemos mejor quiénes somos, de dónde venimos, qué traemos.
Y nos invita a seguir degustando la Vida, para que el Camino permanezca vivo, para que cada paso dado sea una muestra de nuestro poder personal.
La certeza en que el Creador nos tiene siempre en su mano.
Que la Creación de la que somos parte está aquí, allí y en todos lados.
Te invito.
¡Ultreya!
¡Adelante!
¡No te detengas!
Sigue buscando dónde poner tus pies, sabiendo que siempre habrá un terreno fértil debajo, si es que así lo deseas.
Siempre habrá un Finisterre, un “final de la Tierra”.
Pero, ¿sabes por qué? No para que algo se acabe. No.
Finisterre estará ahí, simplemente, para tener una buena excusa, y la oportunidad de Volver a Empezar.

Fabián Piqué
fabianpique@bariloche.com.ar

Bariloche, Septiembre 2013