cascada

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sábado, 19 de diciembre de 2015

Diarios de Camioneta

Buenos Aires, Diciembre de 2015





En aquel ya lejano 1998, me hice por primera vez en mi vida de un auto elegido especialmente a mi gusto. Más que un auto, mi camioneta. La Montero, polteada, la que me acompañó cuando hice mi mudanza a Bariloche. No hubiera podido imaginar (lejos estaba) de que me iba a resultar tan buena como para mantenerla por 17 años. La terminé sintiendo como una extensión mía, como una herramienta de trabajo, como una compañera de disfrute gracias a esos eternos paseos por la Patagonia, en la que siempre respondió de maravillas. Pero como casi todo en la vida, las cosas cumplen su ciclo. Y en este año tan signado por los desprendimientos, sentí que ya era momento de dejarla andar en otras manos, que pudiera y supiera realizarle los mantenimientos que seguramente requerirá su ya adulta carrocería, su robusto (aunque algo cansado) motor de 2,8 litros. Cuántas amistades y familiares me han acompañado en algunos de los itinerarios hechos a lo largo de la interminable estepa, atravesando arroyos, internándonos en bosques, trepando montañas, cruzando ciudades. 
Se fue, se quedó en Bariloche (al menos por ahora), y ya está cumpliendo otros sueños, no los míos, que ahora viajan por otras geografías, y son arrullados por otras realidades y compañías.
¿Me animaré a escribir los Diarios de Viaje, mis Diarios de Camioneta? Ojalá que sí, son tantos los recuerdos y las anécdotas.... Allí voy.....




sábado, 24 de octubre de 2015

Cerati me dijo



Buenos Aires, Agosto de 2015
Cerati me dijo

Era de día, probablemente de mañana. La plaza estaba llena de vida, el sol radiante, los árboles agitados por una suave brisa, pájaros volando y cantando, palomas buscando su comida. Chicos con sus padres a lo lejos, algunos caminando y otros jugando en las hamacas.
Gustavo vestía sus habituales pantalones, un saco sport sobre una remera y el típico pañuelo anudado al cuello. Estaba sonriente, vital, con ganas de hablar. Y de hecho, lo hizo.

Parados uno frente a otro, yo escuchaba absorto sus comentarios acerca de la importancia del arte en la vida, de la manera en que las canciones y también otras expresiones creativas permiten acceder a la fuente interna del amor y extraer flujos poderosos de energía que se expanden, beneficiando a muchos. Me hablaba de que su misión, como la de tantos otros, había sido la de gestar canciones y poesías que movilizaran hacia el interior de cada uno, conmoviendo estructuras, diluyendo tristezas, para que emergieran alegrías, liviandad, unión.
La charla fue larga, más que charla casi monólogo, yo apenas preguntaba alguna cosa para aclarar ideas o conceptos. Pleno de felicidad, se explayó todo lo que quiso, teniéndome a mí como único y atento oyente en esa escena mágica y colorida.

De pronto, como un rayo, la imagen cambia y me veo entrando en un sanatorio y yendo hacia terapia intensiva. Camino entre gente apurada y con gestos que denotan urgencia, como ocurre casi siempre en los hospitales. Subo una escalera, doblo por un pasillo y el cartel sobre la puerta indica que llegué al lugar deseado. Intento abrir la puerta pero una persona se interpone y me detiene. Me dice que sólo un familiar directo puede ingresar a terapia intensiva y no me animo a engañarlo. No soy pariente. Sé que está allí, a pocos metros de distancia, acostado, en coma. Lo siento. Me quedo con una sensación de tranquilidad. El sabe que yo estoy allí.

Me despierto temprano, como tantas otras mañanas en las que tenemos que salir a llevar a los chicos a la escuela en el auto. Preparo el mate, desayunamos, nos bañamos. A la hora prevista salimos por avenida Maipú y de camino al colegio les cuento con todo detalle el sueño que tuve esa noche, impresionado por la riqueza de los detalles y lo inesperado del episodio. Yo sueño casi todas las noches, pero pocas veces con tanta claridad y sorpresa. Me sonríen, cómplices de pensar en lo “extraño” de mi relato.
Al regreso nos despedimos. Ella se queda en Olivos y yo voy a la estación de tren para ir hasta Retiro. Cuando estoy por subir a la formación me suena el teléfono. Atiendo. Esa llamada hace que busque un apoyo donde sostenerme. Ella me dice que volvió al departamento y encendió la TV. La noticia en todos los canales era una sola. Esa mañana, aquel 4 de Septiembre de 2014, Cerati partía luego de 4 años en coma, mientras estaba internado en la Clínica ALCLA del barrio de Belgrano.
Ella y sus hijos eran mis testigos. Les había relatado mi sueño horas antes de saber lo que ahora estaba escuchando.

¿Qué fue? ¿Por qué fue?

Siento que un espíritu evolucionado y carismático como el de Gustavo, salió esa noche en su última “gira” en la Tierra, a ver si “pescaba” algún mensajero a quien dejar una vez más su mensaje de Amor. Y me “pescó”, y yo lo vi y sentí, y ahora lo comparto.

Quién sabe si no hubo otros que, como yo, hayamos percibido su presencia. Mi tarea está cumplida.
Gustavo siguió filtrando su influencia, aún en aparente estado de inconsciencia. Yo no era un fanático seguidor de Soda, ni tuve discos de su etapa solista. Pero siempre aprecié su música y sabía que estaba en presencia de algo distinto. La prueba que tuve luego, al conocer las expresiones, homenajes y manifestaciones de muchos de sus fans, me lo confirmó.
Ahora Cerati está en mi altar, cerca de mi corazón, un ángel sonriente y feliz por lo que pudo entregar a través de su arte.

Está ahí, los invito a buscarlo.
Infinto….


Fabián Piqué

sábado, 19 de septiembre de 2015

Adiós Nonino



Buenos Aires, Septiembre de 2015

Adiós Nonino

Dicen que Piazzola escribió el tango Adiós Nonino una tarde en Nueva York, mientras intentaba superar la reciente muerte de su padre, ocurrida en la lejana Mar del Plata. El gran Astor se encerró en una habitación de su departamento, conmovido y triste, y de esa emoción surgió su más bella melodía.

Cada vez que tuve oportunidad de escuchar ese tango, sea en vivo o grabado desde un cd, podía percibir en mi piel y mi corazón el sentimiento de amor que debía sentir por su progenitor, convertido en maravillosos acordes de acordeón, violín, piano.

Por eso elegí ese tema para despedir a Pá en aquella mañana de Agosto, en que cerramos físicamente su presencia entre nosotros, luego de meses de padecimiento y debilidad crecientes. Creo que fue un privilegio el que tuvimos, al poder estar reunidos todos, Má, sus hijos, su hermana, sobrinos, para contemplar por última vez su cuerpo grande, sus manos ásperas, sus hombros anchos.

Se murió, nos morimos también nosotros un poco, ya no está. La ausencia se nota y quiero poder mirarla con afecto, para aceptarla y permitir que el dolor haga su trabajo: traernos a la conciencia el desgarro de su partida y así, de a poco, convertir esa aceptación en agradecimiento y sanación. Porque hay mucho por agradecer. Incluso aquello que en su momento fue un desencuentro o una discusión. De todo se aprende y con el perdón en la mano se puede convertir en alegría y experiencia de vida.

Aceptación, agradecimiento, perdón.

Cuántas veces habré intentado practicar este poderoso triángulo de acción hacia la sanación. Una y otra vez, ante cada crisis, partida, decisión difícil o choque de intereses. Y así crecí. Nos lleva un poco más cerca de la comprensión de por qué vivimos lo que nos toca, sabiendo plenamente que somos artífices de aquello que la vida nos trae, de las lecciones y aprendizajes, relaciones y situaciones, lugares, recursos, carencias, afectos, amores.

Conozco casos, como el de Alejandro Corchs (autor de la saga El Regreso de los Hijos de la Tierra) en el que la desaparición prematura de sus padres actuó como disparador de una búsqueda intensa, más espiritual que física, y le permitió caminar hacia el encuentro de su ser. En mi caso, la presencia constante y permanente de mi progenitor, fue el mayor impulso hacia mi propio camino, siendo un gran maestro tanto por acción como por inacción. Al igual que mi Madre.

La muerte está allí, como parte de la vida y la constante transmutación física y energética que nos atraviesa. Esta vez, la cercanía tan dramática de esta eterna compañera me conmovió hasta los huesos, me azuzó toda la estructura.

El ciclo sigue, Pá se fue y nosotros, sus descendientes, somos prueba cabal de algunas de las muchas virtudes que demostró en sus 80 años. Las demás las estamos todavía tratando de incorporar, serán años quizá los que nos demande aprenderlas.

Ojalá podamos también ayudar a otros a transitar sus dolores en los momentos en que un ser querido los deja. Es importante la compañía, la escucha, el abrazo, el silencio compartido.

Adiós Nonino, adiós viejo, hasta la próxima vuelta.
Descansá en Dios y en Paz. Con amor,
Fabián