Buenos
Aires, Agosto de 2015
Cerati me dijo
Era de día,
probablemente de mañana. La plaza estaba llena de vida, el sol radiante, los
árboles agitados por una suave brisa, pájaros volando y cantando, palomas
buscando su comida. Chicos con sus padres a lo lejos, algunos caminando y otros
jugando en las hamacas.
Gustavo
vestía sus habituales pantalones, un saco sport sobre una remera y el típico
pañuelo anudado al cuello. Estaba sonriente, vital, con ganas de hablar. Y de
hecho, lo hizo.
Parados uno
frente a otro, yo escuchaba absorto sus comentarios acerca de la importancia
del arte en la vida, de la manera en que las canciones y también otras
expresiones creativas permiten acceder a la fuente interna del amor y extraer
flujos poderosos de energía que se expanden, beneficiando a muchos. Me hablaba
de que su misión, como la de tantos otros, había sido la de gestar canciones y
poesías que movilizaran hacia el interior de cada uno, conmoviendo estructuras,
diluyendo tristezas, para que emergieran alegrías, liviandad, unión.
La charla
fue larga, más que charla casi monólogo, yo apenas preguntaba alguna cosa para
aclarar ideas o conceptos. Pleno de felicidad, se explayó todo lo que quiso,
teniéndome a mí como único y atento oyente en esa escena mágica y colorida.
De pronto,
como un rayo, la imagen cambia y me veo entrando en un sanatorio y yendo hacia
terapia intensiva. Camino entre gente apurada y con gestos que denotan
urgencia, como ocurre casi siempre en los hospitales. Subo una escalera, doblo
por un pasillo y el cartel sobre la puerta indica que llegué al lugar deseado.
Intento abrir la puerta pero una persona se interpone y me detiene. Me dice que
sólo un familiar directo puede ingresar a terapia intensiva y no me animo a
engañarlo. No soy pariente. Sé que está allí, a pocos metros de distancia,
acostado, en coma. Lo siento. Me quedo con una sensación de tranquilidad. El
sabe que yo estoy allí.
Me despierto
temprano, como tantas otras mañanas en las que tenemos que salir a llevar a los
chicos a la escuela en el auto. Preparo el mate, desayunamos, nos bañamos. A la
hora prevista salimos por avenida Maipú y de camino al colegio les cuento con
todo detalle el sueño que tuve esa noche, impresionado por la riqueza de los
detalles y lo inesperado del episodio. Yo sueño casi todas las noches, pero
pocas veces con tanta claridad y sorpresa. Me sonríen, cómplices de pensar en
lo “extraño” de mi relato.
Al regreso
nos despedimos. Ella se queda en Olivos y yo voy a la estación de tren para ir
hasta Retiro. Cuando estoy por subir a la formación me suena el teléfono.
Atiendo. Esa llamada hace que busque un apoyo donde sostenerme. Ella me dice
que volvió al departamento y encendió la TV. La noticia en todos los canales
era una sola. Esa mañana, aquel 4 de Septiembre de 2014, Cerati partía luego de
4 años en coma, mientras estaba internado en la Clínica ALCLA del barrio de
Belgrano.
Ella y sus
hijos eran mis testigos. Les había relatado mi sueño horas antes de saber lo
que ahora estaba escuchando.
¿Qué fue?
¿Por qué fue?
Siento que
un espíritu evolucionado y carismático como el de Gustavo, salió esa noche en
su última “gira” en la Tierra, a ver si “pescaba” algún mensajero a quien dejar
una vez más su mensaje de Amor. Y me “pescó”, y yo lo vi y sentí, y ahora lo
comparto.
Quién sabe
si no hubo otros que, como yo, hayamos percibido su presencia. Mi tarea está
cumplida.
Gustavo
siguió filtrando su influencia, aún en aparente estado de inconsciencia. Yo no
era un fanático seguidor de Soda, ni tuve discos de su etapa solista. Pero siempre
aprecié su música y sabía que estaba en presencia de algo distinto. La prueba
que tuve luego, al conocer las expresiones, homenajes y manifestaciones de
muchos de sus fans, me lo confirmó.
Ahora Cerati
está en mi altar, cerca de mi corazón, un ángel sonriente y feliz por lo que
pudo entregar a través de su arte.
Está ahí,
los invito a buscarlo.
Infinto….
Fabián Piqué