La destacada capacidad anticipatoria de la obra literaria
del escritor australiano Morris West no deja de asombrarme.
Cuando en la década del ´60 escribió “Las sandalias del
pescador”, la sola posibilidad de que los Cardenales eligieran a un Papa no
italiano para ocupar el sillón de Pedro era algo demasiado extraño. Sin
embargo, en 1978, un polaco llegaba a ocupar el cargo, para sorpresa de todos.
Al asumir Juan Pablo II se cortaba una secuencia
ininterrumpida de décadas de prelados nacidos en la península.
Ahora bien, quizá aquella novela fue la más popular y
reconocible de West, seguramente por haber sido llevada a la pantalla en un
film protagonizado por Anthony Quinn en su mejor época. ¿Cuál era la historia
relatada? Un Papa eslavo que al llegar a comprender cabalmente el alcance de su
cargo, se conmueve hasta las tripas y decide entregar bienes de la Iglesia para
alimentar a los pobres del Tercer Mundo.
Pero lejos estuvo de ser esta novela la única con carácter
profético.
En una secuencia creciente de libros dedicados a desmenuzar
la vida personal, política y espiritual de los Papas (tema que conocía de cerca
por haber sido seminarista de joven y haber vivido varios años en Roma) escribió
también los títulos “Los bufones de Dios”, “Lázaro”, y finalmente “Eminencia”,
ya casi al final de su rica y prolífica vida.
¿Qué aportó “Los bufones de Dios” a su capacidad de
visionario? Que situó al frente de la Santa Sede no solo a uno (el ya citado de
“Las Sandalias…”) sino a dos Papas consecutivos no italianos. Al eslavo le
seguía otro europeo, en este caso un francés. La realidad fue que a Juan Pablo
II le sucedió un alemán. Pero he aquí lo
más trascendente. Que este segundo Papa “extranjero”, dimitía a su cargo a los
pocos años de asumir y sin ninguna situación terminal de salud ni mucho menos.
Situación por cierto muy impresionante al saber ahora que Benedicto XVI es el
primer Papa en abdicar en casi 600 años. ¿Qué sintió Morris West al desarrollar
la trama? Como ya falleció en 1999 nunca podremos saberlo, pero sí es factible
bucear un poco y ver si el alcance de su profecía se remitía solamente a la
nacionalidad del sucesor de Pedro.
Lo poderoso del relato de “Los bufones…”, es que nos pone
como lectores en contacto directo con la estructura política del Vaticano,
donde tal como partidos políticos, las diferentes líneas internas entre los
Cardenales juegan a favor de diversas conveniencias terrenales para elegir al
Candidato. A través del análisis de la penetración, vigencia y fuerza del
mensaje apostólico en el momento presente, miden la oportunidad de poner como
Papa a uno de los suyos que sea más conservador, más joven, más viejo, de
Europa, de otro continente, ecuménico, viajero…
En ese contexto, aquel francés de la novela, llamado
Gregorio XVII (mismo nombre que el verdadero último, hasta ahora, en abdicar hace
6 siglos), es “invitado” a dejar su cargo por un fuerte grupo de Cardenales que
ponen en duda su capacidad de conducir a los cientos de millones de fieles y a
sostener la unidad de la Iglesia Católica. ¿Por qué llegan a creer esto? Pues
porque Gregorio les cuenta que tuvo una visión, donde se le hace saber que la
Segunda Venida de Cristo estaba cerca, muy cerca, y que su deber era
comunicarlo al mundo. El fin de los tiempos aceleraba y mucho el tic tac, y
había que prepararse. Claro, corría la década de los años ´80 y los anuncios de
guerras nucleares eran cosa de todos los días.
Por supuesto, no tenemos hoy indicio alguno de que Su
Santidad haya tenido alguna visión, ni mucho menos que haya sido presionado
para abdicar.
Pero el tema en sí mismo es lo que nos trae al presente al
semblante y la pluma del amigo escritor Morris West.
Si tuvo esa capacidad para “embocar” la sucesión papal
(según su tercer novela “Lázaro”, el que sigue es un Papa italiano, veremos en
Marzo qué pasa), ¿por qué no evaluar alguna otra situación presentada en sus
libros como algo que podría estar por suceder?
En este caso, me quedo con su más brillante escrito, a mi
gusto personal, que es “Los bufones de Dios”. Aquella visión papal por la que
el francés es obligado a abdicar, incluía una “sugerencia” adicional: que se
vayan constituyendo comunidades cristianas autosuficientes, para que ante la
eventualidad del cataclismo, pudiera perdurar no solo la raza humana, sino
también el mensaje de Amor abierto y generoso, amplio e incondicional, que nos
trajo Jesús.
¿Estamos acaso muy lejos de ver esto? En mi cotidianidad, aquí
en Bariloche, sigo escuchando casi a diario el interés creciente que despierta
la idea de gestar comunidades sustentables, grupos auto-gestionados, que nos
acerquen a una eco-sociedad ligada a valores espirituales relacionados al Amor
y al respeto a la Tierra.
Seguiré re-leyendo a Morris West. Si me permiten la
sugerencia, háganlo. Mientras tanto, oremos y recemos juntos por Benedicto XVI,
ese ser humano que acaba de tomar una decisión tan importante, seguramente
acompañado por Jesús. Que Dios nos bendiga.
Fabián Piqué
