Diecisiete
La edad jóven, la temperatura justa, los grados de alcohol tolerable, la desgracia en la quiniela, el colectivo de Recoleta, la cantidad de hijos de don Félix Uriarte, los habitantes del Paraje Corralito Chico, las letras, más dos, de desoxirribonucleico.
El número de orden, decresciente, en el cual encontré este blog, en la lista de blogs, que lee mi amiga Ana Y.
Vale este intento, quizá un tanto forzado, de escribir algo, para al menos verlo primero en alguna oportunidad.
¿Lo leerá mientras ocupa esta posición? ¿Lograré lo que tal vez logré alguna vez, de las escasas, reconzoco, que la visité allí en su querida Las Grutas? Claro, en persona es diferente.
Verla inspira. Imaginarla me entusiasma.
Y yo escribo mejor cuando estoy inspirado, más que entusiasmado.
De todos modos ya está, creo que lograré subirme por un rato a esta ola cibernética y exponer ante el mundo, ante tres o cuatro, estas breves frases.
Mientras tanto destapo un vino, sirvo dos copas, brindo por la amistad y me tomo una. La otra está ahí, a la espera de una mano cálida que la recoja y saboree.
Aquellos ojos azul verdosos, aquellas manos embarradas, aquellos labios que cuentan cuentos fantásticos, aquella Ana Y. sigue allí.
Y aquí, en mi memoria.
Chin chin! querida Ana, gracias por compartir conmigo y con tantos otros tus lindos textos y tan demostrativas fotos, tanto atardecer glorioso.
Fabián
Abril de 2010
fabianpique@bariloche,com.ar