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sábado, 24 de octubre de 2015

Cerati me dijo



Buenos Aires, Agosto de 2015
Cerati me dijo

Era de día, probablemente de mañana. La plaza estaba llena de vida, el sol radiante, los árboles agitados por una suave brisa, pájaros volando y cantando, palomas buscando su comida. Chicos con sus padres a lo lejos, algunos caminando y otros jugando en las hamacas.
Gustavo vestía sus habituales pantalones, un saco sport sobre una remera y el típico pañuelo anudado al cuello. Estaba sonriente, vital, con ganas de hablar. Y de hecho, lo hizo.

Parados uno frente a otro, yo escuchaba absorto sus comentarios acerca de la importancia del arte en la vida, de la manera en que las canciones y también otras expresiones creativas permiten acceder a la fuente interna del amor y extraer flujos poderosos de energía que se expanden, beneficiando a muchos. Me hablaba de que su misión, como la de tantos otros, había sido la de gestar canciones y poesías que movilizaran hacia el interior de cada uno, conmoviendo estructuras, diluyendo tristezas, para que emergieran alegrías, liviandad, unión.
La charla fue larga, más que charla casi monólogo, yo apenas preguntaba alguna cosa para aclarar ideas o conceptos. Pleno de felicidad, se explayó todo lo que quiso, teniéndome a mí como único y atento oyente en esa escena mágica y colorida.

De pronto, como un rayo, la imagen cambia y me veo entrando en un sanatorio y yendo hacia terapia intensiva. Camino entre gente apurada y con gestos que denotan urgencia, como ocurre casi siempre en los hospitales. Subo una escalera, doblo por un pasillo y el cartel sobre la puerta indica que llegué al lugar deseado. Intento abrir la puerta pero una persona se interpone y me detiene. Me dice que sólo un familiar directo puede ingresar a terapia intensiva y no me animo a engañarlo. No soy pariente. Sé que está allí, a pocos metros de distancia, acostado, en coma. Lo siento. Me quedo con una sensación de tranquilidad. El sabe que yo estoy allí.

Me despierto temprano, como tantas otras mañanas en las que tenemos que salir a llevar a los chicos a la escuela en el auto. Preparo el mate, desayunamos, nos bañamos. A la hora prevista salimos por avenida Maipú y de camino al colegio les cuento con todo detalle el sueño que tuve esa noche, impresionado por la riqueza de los detalles y lo inesperado del episodio. Yo sueño casi todas las noches, pero pocas veces con tanta claridad y sorpresa. Me sonríen, cómplices de pensar en lo “extraño” de mi relato.
Al regreso nos despedimos. Ella se queda en Olivos y yo voy a la estación de tren para ir hasta Retiro. Cuando estoy por subir a la formación me suena el teléfono. Atiendo. Esa llamada hace que busque un apoyo donde sostenerme. Ella me dice que volvió al departamento y encendió la TV. La noticia en todos los canales era una sola. Esa mañana, aquel 4 de Septiembre de 2014, Cerati partía luego de 4 años en coma, mientras estaba internado en la Clínica ALCLA del barrio de Belgrano.
Ella y sus hijos eran mis testigos. Les había relatado mi sueño horas antes de saber lo que ahora estaba escuchando.

¿Qué fue? ¿Por qué fue?

Siento que un espíritu evolucionado y carismático como el de Gustavo, salió esa noche en su última “gira” en la Tierra, a ver si “pescaba” algún mensajero a quien dejar una vez más su mensaje de Amor. Y me “pescó”, y yo lo vi y sentí, y ahora lo comparto.

Quién sabe si no hubo otros que, como yo, hayamos percibido su presencia. Mi tarea está cumplida.
Gustavo siguió filtrando su influencia, aún en aparente estado de inconsciencia. Yo no era un fanático seguidor de Soda, ni tuve discos de su etapa solista. Pero siempre aprecié su música y sabía que estaba en presencia de algo distinto. La prueba que tuve luego, al conocer las expresiones, homenajes y manifestaciones de muchos de sus fans, me lo confirmó.
Ahora Cerati está en mi altar, cerca de mi corazón, un ángel sonriente y feliz por lo que pudo entregar a través de su arte.

Está ahí, los invito a buscarlo.
Infinto….


Fabián Piqué