cascada

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sábado, 16 de mayo de 2009

Emoción y Sentimiento, otra sutil pero importante diferencia


Dice el escritor irlandés John O´Donohue:
“….Al abrir la boca, sacamos sonidos de la montaña que hay debajo del alma. Esos sonidos son palabras. Ellas conservan para nosotros lo que llamamos “mundo”. Intercambiamos sonidos y formamos pautas, vaticinios y bendiciones. Cada cual crea incesantemente.
Cada persona extrae sonidos del silencio y seduce lo invisible para que se haga visible.”

Y es así, las palabras nos definen el mundo que creamos, a través de nuestra mente y pensamientos vamos construyendo nuestro entorno, y abramos o no la boca para decirlas, la significancia que le damos a dichas palabras nos determinan asociaciones que luego nos condicionan.
Cuántas veces habremos utilizado como sinónimos las expresiones emocionales o sentimentales. Cuántas veces habremos definido una emoción como “un sentimiento”, y un sentimiento como “una emoción”. ¿Será porque no nos detuvimos a comprender la diferencia?
A mí me ayudó bucear, remover, hurgar, hasta dar con mi definición personal, que facilitó el proceso de crecimiento.

Primero me fijé en el diccionario, que dice más o menos lo siguiente:

emoción. f. Estado del ánimo que se caracteriza por una agitación a causa de impresiones de los sentidos, o de recuerdos o ideas. Alteración del ánimo intensa y pasajera, agradable o penosa, que va acompañada de cierta conmoción somática. Interés expectante con que se participa en algo que está ocurriendo.
sentimiento. m. Dolor, aflicción. Acción y efecto de sentir o sentirse. Estado afectivo del ánimo producido por causas que lo impresionan vivamente. Estado del ánimo afligido por un suceso triste o doloroso.


Esto no me aclaró mucho para diferenciar entre ambas palabras.
Entonces traje finalmente mi propia comprensión, que es la siguiente:

Defino la EMOCIÓN como aquello innato del ser humano, que está dentro de nuestro organismo y que responde a un hecho externo que dispara una química que sirve para darnos un alerta, placentero o no, para llamarnos la atención sobre algún aspecto que se nos instala en el cerebro, sea producto de un recuerdo o de algo que estamos recibiendo a través de los sentidos (puede ser la vista, generalmente, o el tacto, o el oído, o el gusto incluso).
La emoción es un detector natural que todos tenemos, que si dejamos que se descontrole y gobierne nuestros actos, a veces puede salvarnos de un peligro, pero muchas veces probablemente nos lleva a realizar actos que luego no serían aprobados por nosotros mismos en estado de calma.
El centro que gobierna la emoción y donde se genera está en el cerebro.

En cambio el SENTIMIENTO es aquello que decididamente nosotros construimos a partir de actos de amor, voluntarios, que se “ensalsan” con emociones pertinentes (a veces, otras no), pero que nunca debieran ser confundidos con ellas.
El centro que gobierna el sentimiento está en el corazón, de allí proviene y de allí que es tan importante motorizar nuestras acciones desde “el sentimiento” y no desde un arrebato emocional.
Cuanto más cerca estemos siempre de considerar nuestro sentir como la guía de las acciones cotidianas, más sabiduría traeremos a nuestras vidas, tendremos acciones más amorosas y construiremos relaciones de pares (pares como seres humanos, no por la personalidad necesariamente).
Hago una raya divisoria a la altura del pecho y percibo si lo que me está guiando a cada momento está por encima de dicha raya (proveniente de una emoción) o si está por debajo (gestado en el corazón, mi mayor guía, donde se afincan mis sentimientos).

A mi me ayudó verlo de esta manera.
¿Y a vos?

Fabián Piqué
Mayo de 2009
fabianpique@bariloche.com.ar

miércoles, 6 de mayo de 2009

Vínculo y Relación, diferencia sutil pero importante


Esto vale para todos, pero lo dedico en especial a mis amigas mujeres. Ellas sabrán...

Vinculo y relación, una diferencia sutil pero importante

Mucho tiempo atrás me pregunte acerca de que si “todos somos uno” como es posible entender que nos alejemos, sintamos distancia, terminemos situaciones, con personas con las cuales estuvimos cercanos afectivamente.
No comprendía que coexistieran la búsqueda de la unidad con la separación física y anímica de quienes fueron importantes en algún momento.

Hasta que a través de meditación, lectura, infinitas preguntas y mucha contemplación, surgió una idea clarificadora para mí, de que una relación no es lo mismo que un vínculo.
Llamo “relación” a aquello que puede ser cotidiano, temporal, pasional, familiar, amistoso, salvaje, incomprensible, tierno, que tiene un principio y un final. Es lo que nos une y nos separa de alguien, nos llena y nos convulsiona, nos provoca risa y espanto, empieza y termina, a veces por una única vez en la vida, a veces en reiteradas circunstancias mientras crecemos. Separaciones temporales o definitivas. Vida y muerte, terrenal.

Pero todos somos uno.
Y lo somos.
Pero entiendo que no en el plano de las relaciones, cambiantes y finitas.
Somos uno en el “vinculo”, que es eterno.
Esto es lo que llamo entonces vínculo.
Aquello que se despierta y nos relata algo vigente y duradero, ancestral y futuro. No hay contradicción.

Entonces si.
Todos somos uno.
En la vida mundana, nuestras relaciones nos hacen crecer, compartimos experiencias, vivencias, problemas, tenemos hijos, amigos, padres, parejas, amantes, compañeros.
Nuestros vínculos en cambio subsisten, vienen de lejos y seguirán allí, existan o no las relaciones.

Todo es calma, todo es paz.
Nuestras almas están conectadas en el Amor.
En el clamor de la búsqueda aparece la luz.
Sigamos creciendo, sigamos experimentando, sigamos jugando.

Fabian Piqué
Mono solar azul
Mayo de 2009

Nota: tiempo atrás tuve la suerte de ver la película “La fuente de la
vida-Shibalba” y noté que este tema está tratado de manera muy singular, especial, la sugiero. La dirigió Darren Aronofsky y es bastante nueva.

Escribe la italiana Fausta Leoni
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Y así, por años y años he vivido sola como en un pobladísimo desierto (porque la pareja me atemorizaba pero los grupos de amigos me daban la sensación de alegría y seguridad). Años jóvenes en los que nadie duerme contigo, nadie que te lleve la valija o vaya a pagar las cuentas. La única relación seria, intensa, cotidiana y fiel, con el televisor que, sobre todo de noche, parece iluminar, con la vida de los demás, ciertas partes nuestras que no han crecido con las otras: ciertas partes que permaneces pequeñas y frágiles temblando de miedo, completamente solas. Listas para sentir aprensión por una caricia inesperada, por una palabra atenta, por un beso de besar, un abrazo de abrazar, un amor de amar. Robin Norwood, aquella norteamericana que ha escrito el betseller “Las mujeres que aman demasiado”, tal vez habría debido titularlo mas apropiadamente “Las mujeres que eligen mal”. Porque, ¿donde esta el problema de amar demasiado a una persona digna que lo merece y corresponde? Lo malo es que, en cambio, somos atraídas por hombres neuróticos, infelices, y tenemos la presunción, como grandes restauradoras, de descubrir la obra maestra detrás de las costras. Por esa especie, tal vez, de sentido dramático de la vida somos atraídas por la capacidad y la experiencia del dolor. Por curar las heridas ajenas cuando todavía no hemos tenido la posibilidad de lamer las nuestras. Y de ese modo con hombres apuestos, divertidos, agudos, que probablemente serian compañeros ideales, conseguimos solamente tener relaciones de amistad o, como máximo, de amistad amorosa.
.....

Bariloche
Mayo de 2009
fabianpique@bariloche.com.ar