Esperando a la amada
Caminar por la orilla del lago, en una mañana soleada, puede ser todo un descubrimiento.
El aroma al pasto recién cortado, el rocío del agua en las plantas, el ruido de las olas golpeando las piedras de la orilla.
Un avión iniciando su viaje, un barco entrando al remanso del puerto.
Algún resabio de una noche tormentosa, con botellas vacías o rotas, quién sabe si antes de después de lograr su cometido trunco de ahogar una pena escondida.
Y allí, en medio del desorden ordenado de la naturaleza o los despojos y restos dejados por humanos, aparece la piedra tendida cual mesa, la vela, la flor, el brindis a punto de ser consumido.
¿Por quién? ¿Por quienes?
Ya me gustaría saberlo, me quedo esta vez con la fantasía de que es un amante esperando a su amada, que le prepara una sorpresa allí, debajo de la Costanera, para gratificarla y regalarle todo el sol de un Noviembre que inicia.
Habrá que seguir caminando por las mañanas, atento a ver, sentir, atraer, aquellos detalles que están allí, entre nosotros.
Fabián Piqué
Noviembre de 2008
fabianpique@bariloche.com.ar