Buenos Aires,
Septiembre de 2015
Adiós Nonino
Dicen que
Piazzola escribió el tango Adiós Nonino una tarde en Nueva York, mientras
intentaba superar la reciente muerte de su padre, ocurrida en la lejana Mar del
Plata. El gran Astor se encerró en una habitación de su departamento, conmovido
y triste, y de esa emoción surgió su más bella melodía.
Cada vez que
tuve oportunidad de escuchar ese tango, sea en vivo o grabado desde un cd,
podía percibir en mi piel y mi corazón el sentimiento de amor que debía sentir
por su progenitor, convertido en maravillosos acordes de acordeón, violín,
piano.
Por eso
elegí ese tema para despedir a Pá en aquella mañana de Agosto, en que cerramos
físicamente su presencia entre nosotros, luego de meses de padecimiento y
debilidad crecientes. Creo que fue un privilegio el que tuvimos, al poder estar
reunidos todos, Má, sus hijos, su hermana, sobrinos, para contemplar por última
vez su cuerpo grande, sus manos ásperas, sus hombros anchos.
Se murió,
nos morimos también nosotros un poco, ya no está. La ausencia se nota y quiero
poder mirarla con afecto, para aceptarla y permitir que el dolor haga su
trabajo: traernos a la conciencia el desgarro de su partida y así, de a poco,
convertir esa aceptación en agradecimiento y sanación. Porque hay mucho por
agradecer. Incluso aquello que en su momento fue un desencuentro o una
discusión. De todo se aprende y con el perdón en la mano se puede convertir en
alegría y experiencia de vida.
Aceptación,
agradecimiento, perdón.
Cuántas
veces habré intentado practicar este poderoso triángulo de acción hacia la
sanación. Una y otra vez, ante cada crisis, partida, decisión difícil o choque
de intereses. Y así crecí. Nos lleva un poco más cerca de la comprensión de por
qué vivimos lo que nos toca, sabiendo plenamente que somos artífices de aquello
que la vida nos trae, de las lecciones y aprendizajes, relaciones y
situaciones, lugares, recursos, carencias, afectos, amores.
Conozco
casos, como el de Alejandro Corchs (autor de la saga El Regreso de los Hijos de
la Tierra) en el que la desaparición prematura de sus padres actuó como
disparador de una búsqueda intensa, más espiritual que física, y le permitió
caminar hacia el encuentro de su ser. En mi caso, la presencia constante y
permanente de mi progenitor, fue el mayor impulso hacia mi propio camino, siendo
un gran maestro tanto por acción como por inacción. Al igual que mi Madre.
La muerte
está allí, como parte de la vida y la constante transmutación física y
energética que nos atraviesa. Esta vez, la cercanía tan dramática de esta
eterna compañera me conmovió hasta los huesos, me azuzó toda la estructura.
El ciclo
sigue, Pá se fue y nosotros, sus descendientes, somos prueba cabal de algunas
de las muchas virtudes que demostró en sus 80 años. Las demás las estamos
todavía tratando de incorporar, serán años quizá los que nos demande
aprenderlas.
Ojalá
podamos también ayudar a otros a transitar sus dolores en los momentos en que
un ser querido los deja. Es importante la compañía, la escucha, el abrazo, el
silencio compartido.
Adiós
Nonino, adiós viejo, hasta la próxima vuelta.
Descansá en
Dios y en Paz. Con amor,
Fabián

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