cascada

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domingo, 24 de noviembre de 2013

La canción que vuela



¿Puede una canción volar? ¿Puede tocar y volver a tocar el hombro de un hombre, a lo largo de décadas?
¿Y llevarlo una y otra vez al momento mágico de un primer beso?
La Pequeña Italia de Nueva York, ese barrio colorido y bullicioso que llena las mañanas de aromas y ropa colgada, como en pleno Nápoles, con chicos gritando y jugando.
Allí, hace años, un compositor inspirado como Stephen Bishop, captó en sus oídos el sonido de guitarras, tambores y panderetas, que lo llevaron a crear una melodía inolvidable y una letra alegre y entradora, que huele a bailes, desfiles, celebraciones. La llamó “Little Italy” y fue un hit en los años ´80.

Esa canción quedó sellada en mi memoria. En un momento donde mi boca apasionada supo besar, mientras sonaba, a mi primera novia.
Durante muchos años, aún ahora, cada vez que podía la escuchaba y recordaba a aquella hermosa chica que una noche tuve abrazada por la cintura mientras bailaba a ritmo lento.
El tiempo pasó, y la canción voló.
Y llegó en un momento a Bariloche, donde ya mucho más maduro, no podía evitar una sonrisa cuando en la radio algún veterano disk jockey la elegía de entre miles de canciones para amenizar el momento.

Hasta que…..

Noviembre de 2013, manejando entre montañas con la rubia al lado, pongo la radio luego de días de no encenderla. Y ocurre la magia nuevamente.
Suena “Little Italy”. Giro mi cabeza a la derecha y la miro. Estiro mi brazo y le rodeo la cintura. Detengo la camioneta y beso aquellos mismos labios que hace 32 años.
La canción voló.
Y yo también

Fabián Piqué              


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