Bariloche, Septiembre de 2013
El Camino, relato de un
Caminante
Ultreya
ultreya, escuchaba.
E intrigado
se preguntaba por qué le decían eso.
Ultreya
ultreya.
Y su paso se
hacía más firme, en ese andar incipiente que había comenzado por allá lejos, en
Lourdes. En esa gruta que lo captaba, con el agua curativa que salía de la
roca y se vertía prístina en el cercano río.
Luego, al
pasar Los Alpes y llegar a Roncesvalles, tuvo en sus
manos la libreta, con sus casilleros aún en blanco, que lo acompañaría en todo
su Camino hasta Santiago, fiel testigo del paso del tiempo en su andar por
pueblos y cuidades.
Ultreya
ultreya!
Escuchaba
desde los autos cuando los conductores insistían con ese signo de aliento, o
vaya a saber qué.
El cielo
azul de esa Primavera lo acompañó por el río Ebro, el paso por
Logroño y su llegada a Burgos, la ciudad del Cid Campeador.
Sus pies
sostenían kilómetros de pisadas, sanas hasta allí, sin ampollas ni torceduras.
En la llegada a
León, la ciudad imperial, con sus palacios y plazas. El sol quemaba la piel
poco curtida por aquel entonces.
Un descuido
al andar por los prados y sin sombrero, y el rostro que marca rojos demasiado
intensos para continuar sin más.
Descanso,
recuperación.
Y a andar de
nuevo.
¿De dónde
soy? ¿De dónde vengo?
Quién o qué
hace que nos lancemos a esta loca caminata de 800 kilómetros, a campo traviesa,
durmiendo en refugios, con comidas extrañas al paladar, y sin baños frecuentes.
La mente se
preguntaba… ¿Por qué no paro? ¿Por qué no un avión y listo?
La mente se
preguntaba… Y el Camino responde.
El Camino
invita, sugiere que al recorrerlo, esas preguntas tendrán su respuesta.
A su debido
tiempo.
Y seguimos.
La montaña
se hace más empinada, comienza el ascenso a Cebreriro.
Ya pasamos
castillos templarios y pueblos perdidos en el tiempo. Ya pasamos capillas y
hermitas ubicadas a la vera del sendero, que permiten vuelos imaginarios a
otros siglos, donde todo transcurría más despacio. Donde la vida iba por
encuentros diferentes.
Subo. Y
subo.
Cebreriro se
vislumbra a lo lejos, se intuyen las pallozas celtas que aún se mantienen en
pié y que cobijarán este cansado cuerpo.
En eso, al
pasar por un pequeño caserío, la señora que barre el polvo de su vereda
registra a este Caminante que se aproxima a paso lento.
¿Qué ve? ¿A
quién ve? ¿A otro turista más que sueña en llegar a Santiago? No llego a
preguntarle, no es necesario.
Ella mira y
deja de barrer, solamente atenta a su percepción. Y lanza su frase,
impertérrita y casi insolente. Pero que es “la” respuesta del Camino,
transmitida por una de sus aliadas.
Dice… -
Usted es de Buenos Aires. ¿Es así?
Y el
Caminante se detiene, asombrado, porque quería esa respuesta, buscaba esa
seguridad de saber de dónde es.
Ultreya,
finalmente se convierte en respuesta.
¡Adelante! ¡Adelante!
Así nos
gritan, así nos alientan y transmiten su admiración, aquellos que cruzamos a lo
largo del Camino.
Y con ese
aliento y algunos kilos menos, llegamos a Santiago, a la morada del Apóstol que
siempre estuvo allí, esperando.
El ritmo
ahora cansino se transforma en expresión de plenitud, ya no corremos. Solo
caminamos.
Aceptamos la
vida tal como se nos presenta y con alegría decimos que cumplimos nuestro
anhelo, de realizar el Camino, y de incorporarlo. Y es así.
Ahora, el
Camino no está allí. Está aquí, aquí dentro. Sabemos mejor quiénes somos, de
dónde venimos, qué traemos.
Y nos invita
a seguir degustando la Vida, para que el Camino permanezca vivo, para que cada
paso dado sea una muestra de nuestro poder personal.
La certeza
en que el Creador nos tiene siempre en su mano.
Que la
Creación de la que somos parte está aquí, allí y en todos lados.
Te invito.
¡Ultreya!
¡Adelante!
¡No te
detengas!
Sigue
buscando dónde poner tus pies, sabiendo que siempre habrá un terreno fértil
debajo, si es que así lo deseas.
Siempre
habrá un Finisterre, un “final de la Tierra”.
Pero, ¿sabes
por qué? No para que algo se acabe. No.
Finisterre estará ahí, simplemente,
para tener una buena excusa, y la oportunidad de Volver a Empezar.
Fabián Piqué
fabianpique@bariloche.com.ar
Bariloche, Septiembre 2013
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