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martes, 31 de mayo de 2011

Un Círculo de Tres


S.C de Bariloche, 31 de Mayo de 2011

Un Círculo de Tres

El amigo Antonio, el monje que conocí hace años en la Abadía Trapense de Azul, vino otra vez de visita a Bariloche.
Una vez más, tuvimos la suerte y el placer de poder recibirlo aquí, junto a la entrañable María. Si todo en la vida es un Círculo, esta es quizá una de las pruebas más acabadas de que dispongo para ratificarlo.
En mi relato “Mi encuentro con John” (ver entrada en este blog) cuento sobre la forma en que Antonio me presentó a María, que ya en aquella época era una “anciana” según el documento, mujer vivaz e inquieta, de gran carácter y transparente alma.

Aquel monje que vendía dulces en la Abadía los Domingos a la mañana luego de la Misa, y que de a ratos se ocupaba de la Hospedería y de la gente que como yo llegábamos en busca de retiros, se fue a Francia en 2003, para colaborar en la preparación de las nuevas Vocaciones, tarea dedicada a orientar a los futuros monjes que quisieran ingresar en la Orden Cisterciense de la Estricta Observancia, los Trapenses.

Antonio estuvo poco en ese cargo. Meses después de llegar, la inesperada muerte del Abad principal lo puso ante la sorpresiva llamada del Señor: debía hacerse cargo de la Abadía, una de las más antiguas de toda Francia con casi mil años de construida, allí en medio de Alsacia, casi en el límite con Alemania. Sería el primer “no francés” en ocupar tan importante cargo, en una organización monacal que junto con los Benedictinos son las más antiguas del mundo Cristiano.
No sin la inquietud natural que implicaba ese radical giro en su vida, aceptó la misión y desde entonces desempeña la tarea de Abad principal y Padre Inmediato de otras 3 casas de la misma Orden, ubicadas en distintos países de Europa.
Desde ese momento no detiene su trabajo pastoral, administrativo y monástico. Sigue con su sonrisa franca y su característica expresividad, especialmente con sus manos, que mueve con gracia y esbeltez. Pero agregó ahora un aura de paz y luz que nos enaltece y nos conmueve.

Vino a Bariloche porque, según dice, aquí tiene un refugio ideal para el descanso y la contemplación del paisaje, potenciados al disfrutar de la compañía de María, allí en su cálida casa siempre con leños crujientes y comida casera dispuestos para agasajarnos.
Nos contó de sus múltiples actividades y sus interminables viajes. Recordamos a los antiguos compañeros de la Abadía de Azul, hablamos sobre los mágicos encuentros y la actual necesidad y búsqueda de espiritualidad, que sentimos por igual en nuestros ahora tan lejanos lugares de residencia. Coincidimos también en que la Ciencia se aproxima cada vez más con sus recientes descubrimientos a lo que las tradiciones más antiguas sabían y practicaban desde tiempos ancestrales.
Y saboreamos minuto a minuto el placer de la compañía mutua, del afecto a flor de piel, del sabernos cerca de pesar de las diferencias que muestran nuestras ocupaciones y edades.

Toda esta experiencia es para mí el ancla más poderosa que siento en lo externo con mi origen y presente Cristiano, que desde Jesús se abre, tal como siempre destacó Antonio, hacia un encuentro ecuménico con todas las creencias que confluyen en Dios como Creador Supremo y fuente de toda Vida.
Tal vez por eso cada palabra dicha, cada mirada, cobra especial significancia en mi ser, que resuena y se eleva ante la sola presencia de un amigo que vive según la Regla de San Benito, meditando en silencio, alabando al Señor en rezos, cantos y oraciones, todos los días de su vida, en ese encuentro único y extático con el Supremo, al construir la Obra de Dios.

Nuestro querido Antonio ha regresado a Francia, pero nos dejó un tesoro latente, al ver cómo la Vida despliega sus propios caminos, a su tiempo y forma.
Aquí en Bariloche permanecemos con María, unidos los tres por ese hilo dorado que sigue atando la trama de este eterno Presente.
¡En Dios!

Fabián Piqué
fabianpique@bariloche.com.ar

1 comentario:

Rita dijo...

..los caminos que traza el Señor son esos "hilos
dorados" que nos son casi invisibles hasta que El decide manifestarnoslo, aunque de alguna manera feliz sospechabamos que estaban, Aleluya, que lo disfruten es su nombre eternamente