Acerca de Avatar
Finalmente la película Avatar cumplió, más allá del puro entretenimiento, con una tarea ímproba. No sé si en la mente del Director James Cameron estaría transmitir un mensaje así, pero al reflexionar sobre el final del film, no pude menos que agradecerle.
Recuerdo: “el Avatar salva a los habitantes de Pandora del exterminio, matando y destruyendo a aquellos enemigos de los que él mismo formaba parte, antes de caer en la cuenta que representaba el mal, mientras que los na´vi eran el símbolo del bien. Los humanos (los malos) que no mueren en Pandora, son expulsados de regreso a la Tierra, es decir, al espacio profundo, allí de donde vinieron, con la inocente esperanza de que no regresen nunca más”.
Avatar, rescatador, iluminado, representante del Uno, ser que baja al plano físico trayendo la chispa divina.
Hasta aquí, la lectura simple, la vieja y conocida fórmula de Hollywood donde unos ganan y otros pierden, que permite a su vez un Avatar 2, imaginando un retorno de los humanos a Pandora y la consiguiente batalla final por la posesión de sus recursos naturales y espirituales.
¿Y dónde está el mensaje al que me refería?
El asunto es que Jake Sully, convertido en Avatar, ayuda a ganar la contienda, utilizando las estratagemas y el conocimiento que le habían dado sus años de Marine. Precisamente aquello que le permite vencer es parte de lo que luego considera su “sombra”, su parte malvada y vil, a la que quiere ver destruida, porque reconoce que si es dejada libre de realizar su propósito, se “come” literalmente el sustento que permite la vida y la diversidad de Pandora.
¿Y qué hace luego de usar ese conocimiento y ganar la guerra? ¿Luego de darse cuenta que ahora estaba impelido a hacer el bien de la mano de los na´vi?
Pues trata de destruir todo vestigio humano, todo recuerdo de lo que en esencia, sigue siendo, aunque lo avergüence. No trata de integrar ese aspecto y resignificarlo en una nueva versión humana-na´vi que contenga las virtudes de cada raza. Se queda sólo con lo que ahora considera mejor, y borra lo otro, lo peor.
Volvemos entonces al también viejo y conocido dilema de unos contra otros.
Cameron tenía en la mano, la posibilidad de terminar la película con los humanos vencidos, pero permaneciendo en Pandora, integrados a una sociedad que ellos tal vez no comprendían, pero que les abría las puertas hasta tanto pudieran reconocer las diferencias y valorar otras fuentes de vida, otras formas de comprensión de lo Divino.
Pero no lo hizo.
En estos días conmemoramos el Día de la Memoria.
Seguramente aquellos de más de 40, tenemos vivo el recuerdo de los militares (sinónimo en aquel entonces del mal que la misma sociedad había engendrado) que fueron juzgados y castigados. Tengamos memoria también de aquellos perversos civiles que les abrieron las puertas a través de la intolerancia sobre las diferencias propias de las sociedades complejas, el miedo de sistemas desconocidos (y por ello intuidos como maldades a destruir), la egoísta visión de querer la ganancia individual a toda costa, intentando mantener un estado de situación que sostuviera privilegios.
Y reflexionemos sobre nuestra propia capacidad de integrarnos en paz, apuntando al menos a mantener la posibilidad de que la Diversidad perviva, el Reconocimiento (más allá de credos, colores de piel, idiomas) de que lo Divino habita por igual en todos, y permitamos que esta Vida, nuestra Vida, sea posible en la Argentina, que como Pandora, puede aún sostener nuestras luces y nuestras sombras, ayudando a integrarnos en sociedad, si así lo deseamos.
Fabián Piqué
Bariloche, 22 de Marzo de 2010
fabianpique@bariloche.com.ar
1 comentario:
Ojalá Avatar nos sirva para reflexionar y poder discernir, sacar conclusiones, quedarnos pensando, luego en la cama, en algo que no habíamos tenido en cuenta. O sea, darnos cuenta (la llave de una puerta, el paso más en nuestro camino hacia alguna parte) Reconciliar nuestras luces y sombras. !Qué dificil!
Ojalá que nos sirva para algo más que evadirnos frente a ella de una realidad que nos azota.
Abrazo tu visión, tu enfoque, tu manera ayudarnos a pensar que no todo en la vida se simplifica a una batalla entre "buenos y malos" donde generalmente (asi nos lo ha enseñado el sistema)ganan los que aportan el dinero para la producción de la película, los más poderosos, sino que la victoria, la íntima victoria es un trabajo interno, personal donde podamos convivir con nuestras luces y sombras. Sin encandilar a nadie y haciéndonos cargo de los avatares que nos traen nuestras propias sombras.
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