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domingo, 29 de noviembre de 2009

La cara de Roberto


La cara de Roberto

Roberto tiene cerca de 60, es canoso y morrudo, hombros bajos y brazos fuertes.
“Trabajé en el Luna Park, era el que armaba y desarmaba todo, con el Tito Lectoure”, me cuenta.
Hoy es el encargado de Sala de la Universidad FASTA, y por como se mueve con las escaleras, las tenazas, los escenarios y las luces, no cabe duda que su gran experiencia porteña “la lleva a cuestas”.
Nos vio llegar temprano y nos dijo “¿En qué los ayudo?”.
Bajamos los instrumentos y el cablerío de Mailoc para ir armando el escenario para el Concierto del Sábado 28.
Yo le indicaba dónde irían las sillas y allí iba Roberto moviendo todo, incluso cargando sobre su espalda pesados paneles que había que quitar.
“¡Ojo, tené cuidado con tu hombro!”, le decía Alicia, la encargada de limpieza. El le guiñaba el ojo y le contestaba “Pero si me recetaron kinesiología, qué mejor ejercicio que éste”.
De a poco todo iba tomando forma y cuando ya sonaban los primeros acordes del ensayo previo, se me acerca y dice “¿Me vendés una entrada? Yo no sé nada de música celta, pero es para mi señora, sabés. No quiero que esta vez se quede sola en casa, yo se la llevo ahora así ella viene a escuchar, me dijo que los oyó en la radio.”
Ya a punto de comenzar el Concierto, reaparece Roberto, ahora vestido para la ocasión, y nos ayuda con los últimos detalles, sorprendido de ver el despliegue de flautas, guitarras, tambores, micrófonos, luminarias, velas encendidas.
Su rostro comenzaba a gesticular palabras que quedaban entrecortadas, de asombro, al escuchar ensayar la gaita, al sonar el derbake, o con las escalas agudas de la voz de Cintia que calentaba su garganta.
“¿Pero qué es lo que van a tocar ustedes?”, se me acercó cómplice y en voz baja a preguntarme. “Ya vas a ver Roberto, falta poco y vas a ver… quizá te guste.”
Cuando comenzó el Concierto, su sonrisa transmitía felicidad, su esposa sentada entre el público y él, que no quería perderse detalle, se quedaba entre bambalinas, a sólo dos metros a mi izquierda.
Cuando leía los textos, hasta podía ver su cabeza asintiendo, recibiendo un mensaje hasta allí inesperado. Y entre tema y tema me decía “¡Pero qué bueno! ¿Está todo bien, necesitan algo?”, mientras le alcanzaba un vaso de agua a Nico.
Su transformación me transformó, su sorpresa me sorprendió. Sé que lo disfrutó, hasta me pareció verlo bailar con pasos inhabituales para él.
Al final, su cara resplandecía, nos abrazaba, emocionado. “Pero yo no sabía, qué lindo, ustedes son todos de acá?”
La cara de Roberto quedará guardada en nuestra memoria como uno de los más grandes recuerdos de éste, nuestro último Concierto del año, dedicado a John O´D., que también “estaba” en la sala haciendo de las suyas.
Ya eran las 12 de la noche y cuando con Gustavo nos fuimos llevando los últimos instrumentos, Roberto nos confesaba “¡Y mirá que yo soy tanguero viejo, no salgo del 2x4, nunca escucho otra cosa. Gracias!”.
Gracias a vos, que hiciste que esa noche fuera aún más mágica.

Fabián Piqué
Bariloche, 29 de Noviembre de 2009
fabianpique@bariloche.com.ar

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